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agosto 20, 2025
La sexualidad en infertilidad y en procesos de reproducción asistida
octubre 15, 2025La infertilidad se define como la ausencia de concepción tras un año de relaciones sexuales sin protección durante la fase fértil del ciclo femenino. Detrás de esta definición médica hay realidades profundamente humanas que afectan a millones de personas en el mundo. La Organización Mundial de la Salud la considera un problema de salud globalizado: se estima que una de cada seis parejas la padece, lo que supone alrededor de 186 millones de personas. En España, más de un millón de personas se enfrentan a esta situación, lo que equivale a entre un 15 y un 20% de la población en edad reproductiva.
La medicina reproductiva ha avanzado enormemente, y hoy contamos con técnicas como la fecundación in vitro o la inseminación artificial, que han permitido que miles de niños nazcan cada año gracias a ellas. Sin embargo, las cifras de éxito no siempre son tan altas como las expectativas. De hecho, las tasas globales de embarazo mediante fecundación in vitro rondan el 20-22% por ciclo, lo que obliga a las parejas a afrontar una verdadera carrera de fondo, con múltiples intentos, esperas y, a menudo, abandonos en el camino debido al desgaste emocional.
Y es que la infertilidad no es solo una cuestión médica. Es una experiencia vital que impacta en todas las dimensiones de la persona: física, psíquica, relacional y social. Para muchas parejas, tener hijos es un proyecto central en la vida, algo que se da por hecho y que nunca se contempla como un problema hasta que se presenta. Por eso, recibir un diagnóstico de infertilidad es como entrar en una crisis no prevista, para la que nadie está preparado y que implica una solución larga, incierta, costosa y con gran intervención médica.
Las emociones que acompañan este proceso son intensas y variadas. Aparecen sentimientos de culpa, minusvalía, confusión e incomprensión. La tristeza y la pérdida de autoestima son comunes, y muchas veces se vive en silencio, en un aislamiento que intensifica el malestar. Se habla incluso de un duelo reproductivo, considerado “el duelo de los duelos”, porque implica múltiples pérdidas: la de la fertilidad, la del hijo deseado y la de la simetría dentro de la pareja. Este duelo tiene la particularidad de ser cíclico, reactivado en cada intento fallido o en cada nuevo ciclo de tratamiento, lo que lo convierte en un proceso largo y desgastante.
No es raro que en este camino aparezcan síntomas ansiosos y depresivos. La investigación muestra que entre un 25% y un 65% de las personas que atraviesan tratamientos de reproducción asistida experimentan en algún momento ansiedad o depresión. Incluso se ha descrito que, en muchos casos, los niveles de malestar psicológico asociados a los tratamientos son mayores que los que provoca la infertilidad en sí misma. La sensación de pérdida de control, el estrés crónico y la presión por los resultados hacen que este proceso se convierta en una auténtica montaña rusa emocional.
Diversos estudios han señalado que la infertilidad puede dar lugar tanto a desajustes emocionales temporales como a trastornos clínicos más graves, especialmente si no se cuenta con el acompañamiento adecuado. Por eso, organismos internacionales como la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología y la propia OMS recomiendan que las unidades de reproducción incluyan programas de asesoramiento psicológico individualizado. Herramientas como el cuestionario FertiQol, diseñado específicamente para evaluar la calidad de vida en infertilidad, muestran cómo esta situación afecta a distintos ámbitos: desde las emociones y el estado físico hasta la concentración, la motivación, la vida social y, por supuesto, la relación de pareja.
El impacto sobre la relación de pareja es otro aspecto clave. La infertilidad se convierte en un desafío compartido que, según cómo se afronte, puede ser fuente de tensiones o de unión. Por un lado, la presión, la frustración y la dificultad de comunicación pueden generar conflictos y distanciamiento. Por otro, algunos estudios han mostrado que atravesar juntos esta situación puede fortalecer el vínculo, aumentar el apoyo mutuo y convertirse en una experiencia de crecimiento personal y compartido. El ajuste previo de la pareja, la calidad de la comunicación y la capacidad de mantener una visión común del problema son factores determinantes en cómo se vive este proceso.
La realidad es que la infertilidad y sus tratamientos afectan a la vida entera: la sexualidad, el tiempo libre, los planes de futuro y la manera en que la persona se percibe a sí misma. Por eso, es fundamental reconocer que no se trata únicamente de un diagnóstico médico, sino de una vivencia profundamente humana que merece ser atendida en toda su complejidad. El acompañamiento psicológico no solo ayuda a manejar la ansiedad y la tristeza, sino que también permite recuperar la autoestima, sostener la motivación y mejorar la comunicación en la pareja.
Al final, la infertilidad es un camino duro, lleno de incertidumbres y de esperas, pero también puede ser una oportunidad para desarrollar recursos internos, reforzar los vínculos y aprender a afrontar la adversidad. Como toda crisis, puede convertirse en una ocasión de crecimiento si se maneja con el apoyo adecuado. Y aunque el duelo reproductivo es un proceso inevitable, no tiene por qué vivirse en soledad: cada vez más profesionales y clínicas están comprometidos en acompañar no solo la parte médica, sino también la emocional, porque la salud mental es parte esencial de este viaje hacia la maternidad o la paternidad deseada.




