
Aspectos emocionales en infertilidad y en procesos de reproducción asistida
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La transparencia psíquica en el embarazo: una ventana al mundo interno de la mujer
octubre 16, 2025Cuando una pareja comienza a buscar un embarazo, la sexualidad suele vivirse con ilusión, espontaneidad y placer. Sin embargo, cuando el tiempo pasa sin conseguir el objetivo, el sentido de las relaciones sexuales empieza a transformarse. Lo que en un principio era un encuentro íntimo y lúdico puede ir perdiendo su valor como espacio de complicidad para convertirse en una tarea programada y centrada exclusivamente en la reproducción.
Este cambio de enfoque se ha descrito en tres etapas. Al inicio, el sexo es un lugar de diversión y conexión (sex for fun). Más tarde, se convierte en una actividad dirigida a conseguir un embarazo, marcada por el calendario y el control del ciclo ovulatorio (sex for reproduction). Con el tiempo, y tras múltiples intentos fallidos, algunas personas llegan a sentir que las relaciones sexuales han perdido todo sentido (sex for nothing), lo que se traduce en falta de deseo, frustración y desmotivación.
El proceso de reproducción asistida suele intensificar esta vivencia. Los coitos programados, la necesidad de sincronizarse en fechas fértiles o la abstinencia exigida para la obtención de muestras hacen que la sexualidad quede subordinada al objetivo reproductivo. El cuerpo se medicaliza, se focaliza en el rendimiento y se deja de lado el erotismo. Esta presión lleva a una disminución de los encuentros, a la pérdida de la seducción y a la reducción del deseo, especialmente en las mujeres, que muestran menor motivación sexual en comparación con los hombres.
El mito de que el deseo sexual surge de manera espontánea también juega en contra. La realidad es que, en este contexto, el deseo suele verse afectado por la ansiedad, la frustración y la sensación de obligación. La comunicación se vuelve más difícil, y lo que debería ser un espacio de disfrute y encuentro termina asociado a emociones negativas.
La investigación muestra que la infertilidad aumenta el riesgo de disfunciones sexuales tanto en hombres como en mujeres, que pueden ser a la vez causa y consecuencia de la dificultad reproductiva. En los hombres, son frecuentes problemas como la disfunción eréctil, la eyaculación precoz, el deseo hipoactivo o la aneyaculación, muchas veces asociados al papel de la ansiedad y a la presión por el rendimiento. En las mujeres, se observa con frecuencia deseo sexual hipoactivo, menor satisfacción, dispareunia, anorgasmia, vaginismo y dificultades de excitación. Además, los tratamientos hormonales y la medicalización del cuerpo agravan esta vivencia, haciendo que la sexualidad se viva más desde la obligación que desde el placer.
La ansiedad desempeña un papel clave en todo este proceso. La activación del sistema nervioso simpático, con aumento de cortisol y descenso de hormonas sexuales, dificulta la excitación y el deseo. En el plano psicológico, muchas personas adoptan un “rol de espectador”, en el que están más pendientes de su rendimiento o del resultado que de la propia experiencia erótica. Esto refuerza un círculo vicioso en el que la presión y el malestar reducen la satisfacción, lo que a su vez aumenta la ansiedad y los conflictos de pareja.
Pero a pesar de este panorama, la sexualidad en la infertilidad no está condenada a desaparecer. Existen estrategias para resignificarla y devolverle su valor como fuente de conexión y placer. Trabajar en el autocuidado físico y emocional es esencial para recargar la energía y la motivación. Recuperar el ocio en pareja, dedicando tiempo a actividades compartidas que resulten placenteras, ayuda a fortalecer el vínculo más allá del sexo. Mantener una comunicación abierta, expresando con claridad expectativas, miedos y deseos, permite liberar la tensión y encontrar un punto de entendimiento. Y sobre todo, buscar espacios de intimidad sin la presión de los calendarios, donde el encuentro erótico pueda darse con libertad, sin centrarse únicamente en la reproducción.
La intervención sexológica en parejas infértiles pone el acento en potenciar la conexión emocional, trabajar la comunicación afectiva, fomentar el autocuidado y recuperar el deseo desde un enfoque flexible y creativo. El objetivo no es solo mantener la actividad sexual, sino resignificarla como un lenguaje propio de la pareja, un espacio íntimo donde poder sentir y disfrutar sin exigencias.
La infertilidad transforma la manera en que se vive la sexualidad, pero no tiene por qué anularla. Al contrario, puede convertirse en una oportunidad para replantear qué significa la intimidad y cómo cultivarla. Dejar de verla únicamente como un medio para conseguir un fin, y volver a reconocer en ella una fuente de placer, ternura y complicidad, es un paso fundamental para sostener la relación de pareja y el bienestar emocional durante este proceso.




